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martes, 16 de agosto de 2011

Guía básica de meditación con el Ven. Lobsang Tonden

PARTE 1

PARTE 2

Osho - Meditación es Mirar Hacia Dentro

Meditar es ir hacia adentro y reconectar con tu paz interior y el silencio, que están comprometidos por la tensión física, mental y emocional. Este ir hacia adentro te capacita para vivir la vida en su totalidad, sin ansiedad ni tensión innecesaria.

Todo lo que la mente es capaz de hacer no puede ser meditación. Se trata de algo que está más allá de la mente, y en ese terreno la mente resulta absolutamente inútil. La mente no puede acceder a la meditación. Donde termina la mente, comienza la meditación. Es necesario recordar esto, porque en nuestras vidas, hagamos lo que hagamos, lo hacemos a través de la mente; sea lo que sea lo que logramos, lo logramos a través de la mente. Y entonces, cuando nos volvemos hacia adentro, nuevamente empezamos a pensar en términos de técnicas, métodos, acciones, porque toda la experiencia de vida nos muestra que la mente puede lograrlo todo. Sí, a excepción de la meditación, la mente puede lograrlo todo. Todo lo ejecuta la mente, salvo la meditación. Porque la meditación no es un logro; es un estado previo: es tu Naturaleza. No es necesario adquirirla; sólo es preciso reconocerla, sólo hay que recordarla. Está allí esperándote: basta con darte la vuelta y está a tu disposición. Te ha estado acompañando desde siempre.

La meditación es tu Naturaleza intrínseca: eres Tú, es tu Ser, no tiene nada que ver con tus acciones. No puedes tenerla y no puedes no tenerla. No puede ser poseída, pues no es una cosa. Eres Tú mismo, es tu Ser.

sábado, 16 de julio de 2011

¿QUE ES LA MEDITACION? - Andrea Weitzner - jaimemaussan.tv



Meditar es ir hacia el centro
Sentarse y sentirse en intimidad con uno mismo

Todas las religiones apuntan a la experiencia de una realidad inefable, absoluta, la Unidad, la gran alma, el Ser, para muchos, Dios. Sabemos que el término religión viene de religare, que significa «unir» (o «reunir») y que todos participamos de la unidad del Ser divino a través de nuestro Ser esencial. Puede decirse que somos conciencia encarnada, una conciencia que respira por medio del aliento divino. El sentido trascendente del ser humano es percibir aquello se encuentra más allá del espacio y el tiempo, lo eterno de la existencia.

 Cada vez hay más personas que buscan un camino espiritual por diferentes motivaciones. Unas por curiosidad, otras porque está de moda, algunas para relajarse y otras por necesidad, a raíz de ciertas experiencias dolorosas en una búsqueda de verdadero sentido, y finalmente para encontrar una vía espiritual que les ayude a transformarse interiormente.

En efecto, cada día aumenta el número de hombres y mujeres interesados en aprender a meditar. La meditación es una práctica que está más allá de las doctrinas y religiones, es la esencia de todas las religiones; un camino hacia uno mismo, un viaje para descubrir y experimentar la verdadera naturaleza esencial. Sentarse es situarse conscientemente entre el cielo y la tierra, entre lo ilimitado del Cielo y lo ordinario de la Tierra, uniendo así en el corazón lo absoluto con lo relativo.

Al Ser se accede a través de la experiencia; mediante el ejercicio o práctica espiritual podemos sentir que formamos parte del Todo. El ejercicio favorece que seamos permeables y transparentes a lo que somos en lo más profundo de nosotros. En la práctica meditativa podemos vislumbrar nuestra esencia perdida en la identificación con la mente. Lo divino nos busca y nos encuentra en la soledad y el silencio.

La práctica de la meditación es un despertar de la conciencia corporal. En primer lugar, es importante tener conciencia del cuerpo como instrumento de realización espiritual, y no como un obstáculo en el camino. Tomar conciencia del cuerpo que se es, no que se tiene.

La palabra meditación proviene de meditari, que significa «ir hacia el centro». Meditar es sentarse y sentirse, en intimidad con uno mismo. A través de la meditación se abre la prisión del ego y se accede al Ser esencial. Para ello, hemos de contemplar el flujo de la actividad de la mente, sin identificarnos con sus contenidos, sean los que sean. La contemplación de los pensamientos y emociones tiene el efecto de disolverlos.

No practicamos la meditación con la idea de obtener algo, tampoco para sacar provecho, ni para relajarnos o ser mejores. Meditamos porque es lo mejor que podemos hacer llegado a un determinado momento en la vida, sin esperar premios ni recompensas, sin crearnos otro ego −ahora espiritual−, sino para conocer nuestra naturaleza original y estar más presentes en nuestras vidas.

En la meditación se trata de silenciar al ego dándole un «hueso que roer», para dejar que despierte la voz más profunda de nuestro Ser. Se puede meditar observando la respiración, o bien mirando un objeto o imagen, y también por medio de la recitación de un mantra o sonido −sea interior o exterior−, como sucede en el budismo tibetano, el sufismo e hinduismo.

En la práctica de la meditación son importantes el asiento, la postura, los ojos, las manos, la boca y la respiración. Repasaremos uno a uno dichos aspectos.

Hay que sentarse cómodo y holgado sobre un cojín −o zafu− con las piernas cruzadas, como una montaña bien asentada, con firmeza y majestuosidad. La espalda recta y bien erguida, con el coxis un poco hacia fuera de forma natural y la cabeza equilibrada entre los hombros relajados. La columna vertebral es el canal entre cielo y tierra; la verticalidad de su eje propiciará que la energía fluya por el cuerpo y la mente se encuentre en reposo. Es fundamental la inmovilidad en la postura para favorecer que la mente se vaya aquietando.

Los ojos han de estar ligeramente abiertos para no retirarse de la realidad con ensoñaciones y fantasías; la mirada delicada reposando en un punto fijo en el suelo a unos ochenta o noventa centímetros y la barbilla un poco hacia el pecho. La boca suavemente relajada, con la lengua en el paladar.

En cuanto a las manos, pueden estar sobre las rodillas, como en el budismo tibetano o el taoísmo, o bien formando el mudra cósmico del zazen: las palmas abiertas forman un cuenco, la izquierda sobre la derecha y los pulgares se tocan formando una línea recta, mientras que los dedos meñiques están pegados al hara, segundo chakra, justo debajo del ombligo.

El centro del cuerpo es el corazón, pero para abrirlo no hay que centrarse directamente en él, sino en el hara; desde ahí se facilita que el corazón se abra dulcemente, como una flor.

En la práctica de la meditación es imprescindible estar conectado con el centro de gravedad o hara, que proporciona estabilidad, voluntad, equilibrio, serenidad y dominio de uno mismo. La persona centrada en el hara se halla enraizada en una relación equilibrada entre el cielo y la tierra, con ella misma y con el mundo. El hara aporta confianza, seguridad, incrementa la salud y refuerza el sistema inmunológico. Además, facilita la acumulación de la energía vital, por eso en la vida cotidiana es bueno instalarse en él.

La conciencia del hara propicia estar presente y plenamente enraizado, libera del yo egocéntrico y nos permite percibir, acceder y actuar desde el Ser esencial. La conexión con el hara prepara para acoger la experiencia del Ser que permanece a la espera para brotar cuando se dan las condiciones adecuadas para ello.

Lo primero que experimentaremos es dolor físico ya que permanecemos inmóviles en una postura a la que no estamos acostumbrados. Se trata de la postura del loto o medio loto, si bien en algunas tradiciones −por ejemplo, la taoísta− se medita sentado en una silla con la espalda recta. Podemos empezar por sentir el interior, saborearlo, escucharlo y también sentir la piel, el exterior, lo que nos separa y a la vez une al mundo.

El ejercicio requiere entrenamiento y adaptación, aunque también es cierto que a más ego más dolor y que las personas con una mente agitada sufren más que las serenas. Hay una relación entre la postura corporal y la actitud mental, porque como sabemos cuerpo y mente están interrelacionados. Ahora bien, podemos entrenar el cuerpo y la mente, superar el dolor, armonizar la respiración e ir hacia la serenidad y quietud interior mediante la paciencia, la perseverancia y la confianza en que ahí se encuentra nuestra esencia

La observación de la respiración es fundamental y común a las diferentes tradiciones espirituales. La concentración tiene lugar en la respiración, en el ritmo de inspiración y espiración, en el intercambio vital: dar y recibir. Hay que ser íntimo con la respiración, en cada inhalación y exhalación. Se inspira apoyándose primero en el hara o centro de gravedad, dejándose ir e insistiendo en la espiración. Entre la toma del aire y la expulsión, entre el ir y venir sin la intervención de la voluntad del ego, se produce equilibrio y alternancia. Observamos la respiración, nos dejamos llevar en la expulsión del aire, soltando, abandonándolo todo, sintiendo el hara al final de cada espiración. En la exhalación se descansa, no se fuerza o manipula, se contempla. Al acabar de soltar el aire pueden contarse las respiraciones, de uno a diez.

Se reposa en la pausa entre inspiración y espiración. Inspiración, pausa, espiración lenta y vacío, y reencontrarse en la inspiración. En cada exhalación se entrega todo, hay una pequeña muerte. Cada respiración es una muerte y un nacimiento. La respiración es ser y devenir, nacer y morir a cada instante. Morir una y otra vez en cada exhalación, relajándose. Ser uno con la respiración, mientras ésta fluye sosegadamente, volver una y otra vez, sin añadir nada. Los pensamientos aparecen y desaparecen como nubes en el cielo, como olas en el mar, y una y otra vez los dejamos ir.

La respiración consciente es un poderoso mecanismo de transformación que conduce al «yo soy». La respiración es la vida, la expresión fundamental de la vida, del aliento divino o espíritu. Nos convertimos en respiración. El que respira y la respiración se funden, se hacen uno, de modo que pasamos de respirar a sentir que somos respirados por la vida.

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En la práctica de la meditación soltar es imprescindible, fundamental. Soltarlo todo, desprenderse de todo, morir una y otra vez en el cojín. Dejar de aferrar, relajarse y crear espacio, sin esfuerzo. En una actitud alerta y a la vez relajada, soltando pero manteniéndose firme y despierto se conecta con el vacío, con el centro o tesoro interior, accediendo a la intimidad con uno mismo. Sin detenerse en nada, sin estancarse, únicamente sentarse y dejar pasar.

 Cuando empezamos a practicar la meditación por primera vez parece que la actividad mental se haya incrementado, pero en realidad lo que sucede es que hay más conciencia de los pensamientos. Hay que dejar que las oleadas de pensamientos y sentimientos surjan y se desvanezcan, no seguir tras ellos sino permitir que vengan y se vayan. La mente es como un jarro lleno de agua fangosa que no hemos de remover sino dejar que el lodo repose y se vaya al fondo, de manera que arriba quede el agua clara.

Abandonamos las expectativas egoicas y centramos la atención en la postura y la respiración, así la conciencia se libera de la tiranía de los pensamientos y obsesiones y empiezan a abrirse espacios vacíos de pensamientos. Se trata de crear una discontinuidad o brecha en la corriente mental, de prolongar el espacio entre dos pensamientos.

De un continuum mental: ……………………………………………………………………………………………………………….

Pasamos a otro que es:

……… ……… ……… …….. …….. ……….. …….. ……… …… ……

Ha de ampliarse el espacio entre pensamientos sin aferrarse a las sensaciones agradables ni rechazar las desagradables; sin tratar de quedarse en ningún sitio, experimentando el estar presente hasta que no hay un yo ni un tú, ni dentro ni fuera. Generalmente nos aferramos a lo conocido y agradable y rechazamos lo nuevo o desagradable. Sin embargo, en ambos casos hay que observar, hacerlo consciente y dejarlo marchar. Ver, identificar, soltar y dejar ir. Intentar asirse a un pensamiento o sentimiento es como «querer coger la luna en el agua».

Dirigimos la luz de la atención hacia el interior para iluminar nuestra esencia. Simplemente estar, simplemente sentarse. Dejamos de luchar con nosotros mismos y nos relajamos en lo que es, reconociendo, aceptando y dejando pasar pensamientos, sentimientos y sensaciones.

Como se dice en uno de los libros más antiguos zen, el sutra del Shin jin mei:

La vía no es fácil ni difícil,

basta con no elegir ni rechazar.

Cuando no se elige ni se rechaza,

la verdad aparece delante de nosotros.

Una y otra vez, aún en el aburrimiento, la irritación o el dolor, hay que ver lo que surge y dejarlo ir. Al ver lo que aparece respiración a respiración tomamos conciencia del funcionamiento de la mente, aprendemos a ver qué surge momento a momento, lo que representa un poderoso entrenamiento para la vida cotidiana. Ejercitamos una mirada interior ecuánime, que no se queda fijada a hechos ni emociones, que no se aferra a tener razón o estar equivocada; una mente libre, exenta de juicios y opiniones.

Meditamos para ver qué sucede en nuestra mente, observamos los pensamientos dejándolos pasar, sin aferrarnos, volviendo una y otra vez a la postura, a la respiración, al hara.

Respecto al tiempo que dedicamos a la práctica de la meditación, se puede empezar por veinte minutos para llegar a media hora o cuarenta minutos, preferiblemente por la mañana y por la noche. Al acabar, nos levantamos despacio, sin brusquedades, para llevar esa atención a lo cotidiano.

Meditamos para abrirnos al aquí y ahora, para estar más despiertos en nuestra vida. Buda significa «el despierto» y meditar es practicar el arte de despertar. En realidad, el sentido de la meditación es llevar ese estado a nuestra vida cotidiana, prolongar el estar plenamente despiertos y presentes en todos y cada uno de nuestros actos. Otorgar esa amplitud, serenidad y silencio a todos los momentos y ámbitos de nuestra vida, bien enraizados en el aquí y ahora.

Vivimos en la ignorancia de lo que somos realmente, como sonámbulos, dormidos en ensoñaciones sobre el pasado y el futuro, preocupados, insatisfechos y temerosos. Despertar es darse cuenta del mundo esencial, entrar en el instante en la vida cotidiana, instalarse en el ahora.

En algún momento hay que elegir, seleccionar un camino y un maestro de entre las diferentes posibilidades y seguir con determinación aunque surjan dudas. El viaje espiritual exige la apertura del corazón, requiere perseverancia y un verdadero compromiso, paciencia, humildad y coraje. Supone encontrar la senda espiritual que más inspire, y hacerse la pregunta que se le proponía a Castaneda en Las enseñanzas de Don Juan: «¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve».

Para recorrerlo es imprescindible una actitud de amistad incondicional con nosotros mismos, de amor compasivo y también cierta dosis de humor. Ha de profundizarse en la vía elegida, sin salirse a la primera dificultad, sin desalentarse y sin hacer gala de un «consumismo espiritual», con una actitud abierta, tolerante y respetuosa hacia otros caminos.

La espiritualidad significa estar presente, con el corazón abierto y receptivo, en actitud compasiva ante el dolor del mundo, entregados y comprometidos con la vida, amando cada vez con mayor profundidad, en contacto con los demás, con sencillez y simplicidad.

Es importante contar con las enseñanzas de un guía espiritual que nos enseñe un camino que conoce; que nos dirija, apoye y guíe ante las incertidumbres y obstáculos que inevitablemente irán surgiendo. Un verdadero maestro se reconoce en primer lugar porque proviene de un antiguo linaje de enseñanzas de maestro a maestro, de corazón a corazón, de mente a mente, generación tras generación. Signos de ello son que sea compasivo, comparta su sabiduría, no abandone, no manipule, sea humilde, alegre y con sentido del humor, y que encarne el amor, la verdad, la presencia y la sabiduría de las enseñanzas.

Se dice que «Cuando el alumno está preparado aparece al maestro», y así sucede. Es como un acto mágico o una sincronía cuando se da el momento de conocer a aquel que es un espejo claro donde mirarnos. Para ser un buen discípulo hay que estar receptivo a sus enseñanzas, con humildad, respeto, sinceridad y gratitud. Impregnarse de la sabiduría y espíritu del maestro, y confiar en él o ella.

A través de la meditación y de las enseñanzas comprendemos que todos los fenómenos son impermanentes, que las circunstancias no son eternas. Todo tiende a desaparecer. Somos seres en proceso y hay aspectos que nacen y aspectos que mueren, como al fin será nuestro destino. Nuestro sufrimiento proviene de aferrarnos a hechos, personas, situaciones, ilusiones y expectativas. Nuestras mentes agitadas están insatisfechas porque nos falta serenidad, tranquilidad y libertad interior. Sin embargo, el sufrimiento existencial puede superarse mediante una práctica espiritual que nos permita acceder a nuestra naturaleza original. Vivir el día a día con una mente tranquila y ecuánime, entrenada por la meditación, una mente serena ante cualquier experiencia. Se dice que Buda murió experimentando el Samadhi, la paz y la serenidad del alma fruto de la vía de la meditación.

jueves, 31 de marzo de 2011

Entrevista a Brian Weiss, psiquiatra experto en regresiones y estudio de la conciencia.

“Estamos empezando a entender el poder del amor”


Gracias a la labor de investigadores como Brian Weiss, en las últimas décadas se ha producido un extraordinario interés en la reencarnación y en la terapia regresiva. En su primer libro Muchas vidas, muchos maestros (1988), este psiquiatra americano abrió una puerta inesperada al sorprendente reino de la regresión a vidas pasadas, mientras que en A través del tiempo (1992) mostraba cómo emplear técnicas rápidas y seguras para sanar todo tipo de síntomas clínicos. Más recientemente, extrayendo sabiduría de los Maestros, guías espirituales que modelan nuestros destinos, este autor best-seller nos ha ofrecido una valiosa obra -Sólo el amor es real- donde revela que la fuerza esencial de la vida en el universo y la energía sanadora suprema es el AMOR.

Al parecer su vida profesional adoptó un nuevo giro a raíz de trabajar con una paciente que bajo hipnosis revivió supuestas vidas pasadas. ¿Podría contarnos algo en relación con ese periodo entre “la antigua forma de ver el mundo” y la “nueva”? ¿En qué medida afectó su vida?


Sí, esta paciente tuvo un efecto muy profundo en mi vida porque yo era un científico, había escrito bastantes libros y ensayos y mi reputación académica era notoria, estaba alcanzando incluso renombre internacional en psico-farmacología. Pero cuando comencé a trabajar con Catherine la visión que tenía de la vida y la muerte cambiaron por completo. Entonces se me habría podido definir como un agnóstico. Creía en la ciencia, en la lógica, en los valores del hemisferio cerebral derecho. Esto aconteció hace 23 años y desde entonces he tratado a 3.500 pacientes más. Empecé a investigar en áreas como la reencarnación y la conciencia humana sobre las que nunca se me ocurrió que podría llegar a investigar. En fin, cambió mi sistema de valores, me di cuenta de lo que era importante y lo que no.

¿Y ahora qué es lo más importante para usted?


La forma en que me relaciono con los demás, los sentimientos sobre mí mismo, la paz interior que experimento cuando medito, la comprensión de un todo mayor. Ahora son menos importantes para mí las cosas materiales que poseo o lo que puedan pensar los demás. Ser una persona espiritual, compasiva y amorosa con los demás y con uno mismo… eso sí que importa. Es lo que nos llevamos cuando pasamos al otro lado. Creo que hay un propósito tras la creación y que no existimos como resultado de una colisión caótica de moléculas. Tampoco creo que el tiempo exista. Si todo es energía, en términos de reencarnación no importa cuántas vidas tenemos. Creo que estas vidas ocurren en realidad de forma simultánea y que seguimos viviendo cuando nuestro cuerpo muere, somos inmortales.

¿Se ha sometido personalmente al proceso de regresión? ¿Cómo ha sido su experiencia? ¿Cuántas veces la ha tenido?


Unas ocho o nueve con diferentes colegas y mi esposa y sé que puede ser algo muy emotivo y vívido. Alguna vez me ha ocurrido en sueños. Recuerdo una experiencia especialmente interesante durante una sesión de shiatsu. Recordé haber sido una especie de sacerdote en tiempos babilónicos, pero no tengo forma de comprobarlo. Ni siquiera regresé con un nombre, pero estaba en un zigurat y era una persona que no ayudaba a los demás, sino que se aprovechaba de ellos para su ganancia personal. En otra vida me vi como un sacerdote católico y sufrí tortura y muerte durante la inquisición en Dublín. Mi actitud era muy distinta a la anterior. Quizá fue mi mente la que creó todo el escenario, pero mirando a mi mente de forma objetiva fue algo muy diferente a como suelo soñar despierto, por ejemplo. Eran recuerdos cargados con mucha emoción, tenían una cualidad diferente. ¿Cómo voy a probar algo así en laboratorio? Hay zonas del cerebro que se activan durante estas experiencias según comprobó el neurólogo Penfield, pero creo que hace falta investigar mucho más todavía. En Occidente todo queremos explicarlo científicamente pero también debemos ser pragmáticos y filósofos. La esencia de la ciencia es mantener una visión abierta y encuentro que la mayoría de los científicos no la tienen.

Además de estas experiencias de regresión, ¿ha probado algunas drogas enteógenas con ánimo de explorar la conciencia?


Buena pregunta… La verdad es que nunca me atreví a pesar de haber estado investigando con ácido lisérgico mucho antes de trabajar con técnicas de regresión. Trabajaba con ratas para observar qué efectos producía en sus cerebros. Su posible influencia en la genética me disuadió. No sé si me he perdido algo, pero nunca he probado drogas alucinógenas, ni siquiera cuando estuve en Brasil. En cambio, sí he probado técnicas muy efectivas como el Hemi-Sync. De todas formas para vaciar la mente practico diariamente un sistema de meditación elaborado por mí con diferentes técnicas. Me funciona mejor por la mañana, antes de comenzar la jornada, y suelo alcanzar niveles muy profundos de relajación.


¿Continúa haciendo regresiones en la actualidad?


Nunca he dejado de investigar y sigo siendo muy crítico. No sería científico aceptar las cosas sin evaluarlas cuidadosamente. Sin embargo, ahora soy más intuitivo. Sigo atendiendo pacientes y fundamentalmente hago regresiones, pero sobre todo estudio la conciencia. Por ejemplo, ¿cómo puede alguien saber lo que está ocurriendo en un momento determinado a seis mil kilómetros de distancia? ¿Cómo establecen los médiums contacto con los espíritus de difuntos? Estudio todo esto. No digo que todo sea religión o espiritualidad, sino algo científico. Se trata de energías y habilidades que tenemos para las que todavía carecemos de explicaciones científicas, pero las tendremos muy pronto.

¿Se está refiriendo a investigación parapsicológica?


A este tipo de investigación hoy la denominamos así, pero dentro de pocos años poseerá carácter de ciencia. Se trata de la energía de la mente. Cuando hacemos un electrocardiograma o en electroencefalograma, por ejemplo, lo que estamos testando es mera energía coronaria o cerebral. La conciencia se encuentra situada a lo largo de todo el espectro. Ahora hay científicos muy serios que estudian todos estos fenómenos. Aunque todavía los situamos en el reino de la parapsicología están deslizándose en el terreno de la ciencia tradicional.

En relación con dicha “energía”, ¿ha tenido alguna experiencia que pudiera calificar de paranormal?


Bueno, no sé hasta qué punto. Hay muchas personas que afirman ver auras y colores. Hace unos años asistí a una pequeña reunión en Estados Unidos con el Dalai Lama. A su alrededor y alrededor de los otros lamas que le acompañaban vi un halo de luz dorada. Se me ocurrió decirlo y con gran sentido del humor todos se echaron a reír diciendo que sí, que tenían esa luz a su alrededor. Estuvo muy bien. También hice unos experimentos en la universidad con unos sanadores chinos para comprobar si la energía de sus manos afectaba a unos cultivos de bacterias y a personas. Funcionó. Creo que estamos empezando a comprender en qué consiste todo este mundo de las energías, el poder del amor, la compasión, etcétera.

¿Cuál cree que ha sido la contribución más importante de la terapia regresiva al campo de la psicología?


Los pacientes se benefician profundamente y en consecuencia sufren menos y gastan mucho menos porque el tiempo de tratamiento se reduce muchísimo. Aunque sólo sea por lo bien y rápidamente que funciona merece la pena ponerla en práctica y estudiarla a fondo. Es terapéutico cuando la persona sigue el proceso y lo vive con emoción, no sirve que un psíquico o un médium les diga lo que fueron en vidas pasadas. Personalmente trabajo en dos niveles. Uno es la validación de los recuerdos, es decir, los detalles históricos, nombres, etcétera. Hay casos de personas que hablan cinco idiomas que no han aprendido en esta vida. El otro nivel es el terapéutico: los pacientes se curan al margen de sus creencias en la reencarnación. Desaparecen los síntomas físicos que padecían, al igual que las fobias, sienten una profunda paz y relajación. Esto es muy notable al margen de nuestra capacidad para explicarlo de forma científica. La fenomenología está clara: la gente se cura rápidamente. A veces es suficiente con un par de sesiones, mientras que antes hacían falta un par de años o más de psicoterapia para obtener resultados. Suele haber recuerdos reprimidos con una gran carga emocional y con la técnica de la regresión afloran casi inmediatamente. Es muy potente.

Algunos investigadores piensan que las historias que emergen durante las regresiones relativas a supuestas vidas pasadas son mera fantasía elaborada por nuestra mente inconsciente para satisfacer al investigador. ¿De qué argumentos dispone para refutar esto? ¿En cuántos casos de los investigados por usted ha podido verificar datos sobre vidas pasadas?


Nuestra mente es sorprendente y apenas empleamos sus poderes creativos, pero al margen de esto cada vez nos encontramos con más casos que parecen confirmar y validar la existencia de la reencarnación. Van más allá de las explicaciones. Recuerdo, por ejemplo, el caso de una mujer inglesa que recordó una vida pasada en Irlanda. Nació en los años treinta y murió en los cincuenta a raíz del parto de su quinto hijo. Los cinco niños todavía vivían y confirmaron todos los recuerdos de la infancia de su madre, tal y como ella los había recuperado durante la regresión. No se trata evidentemente del inconsciente colectivo ni nada similar. Ya contamos con cientos de casos. Cuando preguntas las personas recuerdan perfectamente que sus recuerdos son de una vida anterior. Sin duda, todo esto es muy difícil de demostrar en laboratorio. Como ahora viajo mucho lo que hago es entrenar en esta terapia a unos doscientos profesionales al año en todo el mundo. Cuantos más la practiquen más datos tendremos para una evaluación científica. Se trata de dar credibilidad a esta terapia. Aunque a veces no es fácil discernir lo que es real de lo que no lo es, lo importante en definitiva es que el paciente se cure de verdad. Es increíble que muchas personas con síntomas físicos o incluso con tumores que han sido confirmados por resonancias magnéticas o tomografías cuando se someten a una técnica de regresión se curan. Se trata de cambios fisiológicos palpables. Es una prueba clara de la conexión entre cuerpo y mente.


¿Podría resumir los mensajes más importantes que ha recibido de los Maestros? ¿Cómo los obtuvo? ¿Mediante canalización tal vez?


Creo que todos tenemos contacto con la conciencia o el yo superior, da igual el nombre que utilicemos para definirlo. Pero cuando escuchamos los mensajes se observa que todos giran en torno al amor, la compasión, la ayuda a los demás, etcétera. Eso es precisamente lo que están descubriendo los científicos. A veces cuando leo a Albert Einstein o a otros científicos cuánticos me doy cuenta de que su trabajo es profundamente místico. Es siempre el mismo mensaje: hay mucho más en la vida que no vemos. Somos energía, compasión, amor y tenemos que actuar en consecuencia. Ese es el mensaje. Creo que podemos debatir cuanto haga falta sobre si la reencarnación es real o no, pero en última instancia lo que cuenta es comprender que nuestra verdadera naturaleza es espiritual. Tenemos que sanarnos individualmente y en grupos.

En su libro Lazos de amor muestra que cada uno de nosotros tiene un alma gemela a la que ha amado en reencarnaciones pasadas y con la que espera reunirse en esta vida. ¿Es esto aplicable a todo el mundo? ¿Es posible encontrarnos con nuestras almas gemelas sin pasar por el proceso de la regresión?


Todos tenemos más de un alma gemela. Puede ser un amigo, un padre, un amigo íntimo… Se trata de personas con las que hemos compartido una o más vidas pasadas y las reconocemos inmediatamente por su mirada, el toque de sus manos, la sensación de familiaridad. Están muy próximos a nosotros, nos ayudamos mutuamente y aprendemos juntos las lecciones de la vida. No hace falta una regresión para encontrarlas. Muchísimas personas que han leído mi libro me escriben contándome cómo conocieron a sus almas gemelas. A veces tienen sueños antes de encontrarlas. No hace falta hacer ningún esfuerzo, nos las trae la vida.

Entrevista con Mantak Chia - Maestro Taoista de la sexualidad


Mantak Chia nació en Tailandia en 1944 y a los seis años de edad fue iniciado en prácticas de meditación
 por monjes budistas. Su empeño en aprender las enseñanzas taoístas le llevaron hasta el Ermitaño de la Nube Blanca, un maestro procedente de la China Central que durante cinco años le transmitió las prácticas taoístas. Se le conoce internacionalmente por sus libros sobre cómo potenciar la sexualidad masculina y la femenina, pero Mantak Chia es también sanador y profesor y sus enseñanzas son difundidas y practicadas en todo el mundo por miles de personas.

En sus libros ha expresado que para comprender el concepto del Tao es necesario trabajar con la alquimia interior. ¿Qué sugiere para activarla?

Es sencillo. Podemos hacerlo a diario. Cuando por ejemplo nos enfadamos, si convertirnos la ira en amabilidad y felicidad, ya tenemos un primer cambio alquímico. Hay que recurrir al corazón y sonreír. Otro cambio estaría promovido por la excitación sexual. Esta energía puede hacer que lleguemos al orgasmo. Si no sientes nada, entonces no pasa nada. Todo en nuestra vida es un continuo cambio alquímico. O bien utilizas la energía y la transformas haciéndola ascender o la pierdes. Para eso tenemos diferentes técnicas que nos ayudan como la Sonrisa Interior, la Absorción Orgásmica Ascendente, la Órbita Microcósmica, la Respiración del Fuelle… Y la propia práctica sexual. El odio puede transformarse en amor mediante la sonrisa interior.

Algunas personas no parecen tener dificultades en experimentar la energía multiorgásmica, sin embargo la mayoría de la gente no lo consigue sin un entrenamiento adecuado. ¿Es posible aprender un método para aumentar esta energía o estar conectado a la misma? ¿Acaso se almacena?


Sabemos que los hombres tienen más facilidad que las mujeres para llegar al orgasmo, sobre todo cuando este depende de ellos. Hay métodos que ayudan a potenciar la energía orgásmica. El Tao del sexo abarca tres dimensiones, física, emocional y espiritual. Mediante ejercicios físicos determinados se aspira a fortalecer los órganos sexuales, lo cual redunda en una mejora hormonal, tanto para hombres como mujeres. El paso siguiente es sentir que la energía de los órganos sexuales puede manejarse y hacerla ascender a un centro superior más elevado. Para ello se trabaja con diferentes formas de respiración, según cada sexo. Hay que entrenarse adecuadamente para que la energía sexual, que es la energía de la que hemos nacido, se concentre y cree nueva energía para beneficio nuestro.

Como maestro en sexualidad taoísta, ¿qué cree que necesita el hombre occidental para mejorar en este aspecto tan importante de la vida? ¿Tal vez hay algo erróneo es su actitud hacia el sexo?

La cuestión es que en Occidente todo el mundo quiere sexo, pero culturalmente, la religión o la propia sociedad, niega o reprime la sexualidad diciendo que se debe a malos instintos. Por otro lado, la gente tiene poco conocimiento de cómo potenciar su sexualidad sin perder energía, es decir, no practican el sexo de forma elevada. En el Tao no ocurre así. Cuando el hombre y la mujer pierden su energía o magnetismo sexual se alejan, así pues ambos deben aprender a recuperarla para alcanzar la armonía y la satisfacción conjunta en el cerebro, el cuerpo y el corazón. No es difícil. Llevo cuarenta años enseñando técnicas para tal fin y con el tiempo he ido simplificando muchos pasos de modo que mis alumnos pueden conseguirlo ahora con bastante facilidad. Pueden sentir cómo asciende su energía sexual a centros superiores. Mientras los hombres aprenden a controlar su eyaculación, las mujeres aprenden a reducir su menstruación y al no tenerla todos los meses almacenan energía.

¿Es posible en España aprender las técnicas y ejercicios que enseñan a mejorar la sexualidad individual para obtener orgasmos más profundos y prolongados? Lo mismo se aplica a la salud en general.

Tenemos bastantes instructores en nuestros centros de Tao Garden en diferentes ciudades españolas. En ellos se pueden aprender tanto técnicas sexuales como Chi kung, Tai Chi y diversas técnicas de meditación taoísta.

Como sanador y profesor, ¿qué parte de su trabajo le resulta más querido o satisfactorio?

Me gusta enseñar a la gente a curarse a sí mismos y a convertirse en sus propios maestros. Lo más satisfactorio para mí es que no tengan que depender de nadie. Hago mucho hincapié en esto en mis enseñanzas.

Usted sugiere que meditar sobre la muerte a diario favorece que se pierda el miedo a la misma. ¿Qué clase de meditación propone para superar dicho miedo

En el Tao dividimos el miedo en diferentes secciones. Hablamos de inmortalidad, creemos en ella. Esto es algo que hacen muchas religiones también, pero nosotros creemos que podemos transformar la “materia” de la que estamos hechos en algo espiritual. Podemos elevar nuestra existencia terrenal a un plano superior. Cuando entendemos esto la muerte deja de tener sentido para nosotros y por eso hablamos de “separación”, no de muerte. Para la transformación partimos de la fusión del elemento fuego y creamos otro cuerpo. El Tao enseña que tenemos el cuerpo físico, el emocional o lo que llamamos alma y el espiritual. Cuando ascendemos a un plano superior los tres se funden y entonces tenemos que separarlos controlando dicha separación para crear un cuerpo energético único. Al conseguir esto se experimenta la muerte, se trata de algo que nos ayuda a comprender el proceso de muerte física y, por tanto, a superar el miedo a la misma.

¿Qué puede ofrecer el sistema taoísta a un occidental desde un punto de vista de la salud?

La primera cosa que dice el Tao es que nuestro cuerpo debe estar y mantenerse sano. En cambio en Occidente la religión determina que lo más importante es ir al cielo y pasa por alto para qué y por qué estamos aquí. Para nosotros los taoístas no es así, el cuerpo es el vehículo, debemos fortalecerlo antes de alcanzar nuestro destino. Por eso aplicamos todo tipo de prácticas corporales curativas que incluyen masaje, etcétera. Es la premisa para todo lo demás.

¿Qué recomendaría a las mujeres jóvenes para mejorar su sexualidad y su salud?

Lo primero que tienen que hacer es aprender a contraer el útero y a fortalecer la vagina con masaje y con ejercicios realizados con un huevo de jade. La forma del huevo es muy adecuada. Además de reforzar los genitales es fundamental que abran el corazón.

¿Pueden las prácticas taoístas protegernos con
tra la contaminación electromagnética ambiental? ¿Hay alguna técnica especial para tal fin?

Sí, trabajamos para conseguir un aura o un escudo energético, que nos protege de virus y bacterias. Se consigue con técnicas de respiración, entre otras cosas. La gente sana con el sistema inmunológico fuerte tiene dicho aura. En cuanto a la contaminación electrónica, nosotros creemos que tenemos una orbita microcósmica igual que la Luna y los planetas y cuando aprendemos a manejarla muy deprisa nada puede afectarnos. Hay muchos maestros espirituales que rechazan todo, televisión, móviles, ordenadores, pero yo no tengo ningún problema con el manejo de material electrónico (muestra su ordenador portátil sobre la mesa). Tenemos que vivir con estos aparatos y hay que aprender a protegerse.

Usted aprendió antiguas prácticas y secretos taoístas con un maestro auténtico. ¿Ha tenido necesidad de reinterpretar sus enseñanzas para ajustarlas a nuestra sociedad moderna?

Sí, he tenido que mejorarlas muchísimo para que pudieran ser comprendidas en Occidente. Pero también Occidente me ha enseñado cosas valiosísimas. El conocimiento de la anatomía humana, por ejemplo, es superior y me resulta de gran ayuda para los trabajos de visualización (muestra en la pantalla del ordenador gran variedad de imágenes de los órganos internos increíblemente detallados). Cuando se ven con tanta claridad es muy fácil imaginárselos después y efectuar una conexión cerebral con ellos. Si quieres contraer el útero, por ejemplo, lo visualizas perfectamente y le envías órdenes para que se contraiga y fortalezca. Utilizo cientos de diapositivas en mis talleres para enseñar las prácticas taoístas de entrenamiento básico (continúa mostrando gran variedad de imágenes sorprendentes sobre la anatomía interna, así como muchos diagramas energéticos del cuerpo humano).

¿Qué ejercicios físicos o deportes recomienda para mantenerse en forma? ¿Podría explicar también por qué el Tai Chi y el Chi Kung son tan buenos para la gente mayor?

El Tai Chi es bueno para cualquier edad. El Chi Kung y sus variantes favorecen el sistema respiratorio, los órganos internos y rejuvenecen el cerebro. Los estudios de electroencefalogramas realizados con adultos y ancianos practicantes han mostrado rasgos parecidos a los electroencefalogramas infantiles. Una combinación de Tai Chi y Chi Kung es ideal, pero también conviene incorporar la práctica de meditación y el trabajo interno.



EJERCICIO: LA SONRISA INTERNA

Sonreír es una gran herramienta para la curación interior: libera endorfinas que estimulan el sistema inmunitario. La meditación taoísta de la Sonrisa Interna permite activar el amor por el propio cuerpo. Aplicada a los órganos sexuales resulta efectiva para fortalecerlos. Practícala con regularidad:
  • Relájate y respira profundamente sentada en postura de meditación.
  • Con los ojos cerrados lleva la atención a las plantas de los pies. Siente la conexión con la tierra y la energía que atraviesa tus pies, asciende por las piernas y llega hasta tu abdomen.
  • Visualiza un rostro radiante a un metro de distancia. Sonríe y siente esta energía amorosa que entra por el tercer ojo.
  • Sonríe a tu ombligo y siente que la energía radiante desciende por la parte frontal de tu cuerpo hacia tu centro abdominal, a unos 4 centímetros por detrás del ombligo. Si colocas la palma ahuecada a la altura del ombligo recibirás más fácilmente la cascada de energía que se desprende de tu rostro radiante.
  • Tócate el corazón con las puntas de los dedos. Sonríele e imagina que se abre como una rosa floreciente de amor. Siente cómo irradia esta energía por todo tu cuerpo.
  • Vuelve a llevar energía amorosa a tu ombligo y siente cómo fluye hasta él desde el corazón.
  • Sonríe a tus órganos genitales mientras te tocas el vientre y la pelvis con las manos. Siente tu útero, ovarios y clítoris plenos de energía y amor en tu interior. Siente amor por tus genitales.
  • Lleva la energía amorosa de tus órganos sexuales a tu ombligo. Haz girar la energía de los mismos mezclándola con la energía del corazón. Comienza en el centro del ombligo y visualiza una espiral que primero gira hacia fuera y luego hacia dentro. Para favorecer su absorción puedes mover la energía frotándote el abdomen con la mano.

viernes, 28 de enero de 2011

LA MEDITACION

Fragmento de una entrevista a Sesha en São Paulo (Brasil), el 6 de Septiembre del año 2010.



El estado de meditación se inicia con la observación que presencia el movimiento de la mente, sólo eso. El silencio que acuna a este alerta, a esta total inocencia, es el único instructor que acompaña; cae la guía de los que llamamos maestros, todo lo que de ellos hemos escuchado retorna al sueño en el que estabamos refugiados.


“¿Qué sucede cuando entramos en esta experiencia del silencio? En un principio, nuestro diálogo interno se vuelve todavía más turbulento. Sentimos la necesidad apremiante de decir cosas. He conocido personas que llegan a la desesperación total el primer o el segundo día que se consagran a guardar silencio durante un período prolongado.

Súbitamente los invade una sensación de urgencia y de ansiedad. Pero a medida que perseveran en la experiencia, su diálogo interno comienza a callar. Y al poco tiempo, el silencio se vuelve profundo. Esto se debe a que después de cierto tiempo, la mente se da por vencida; se da cuenta de que no tiene sentido insistir e insistir si el yo – el espíritu, el que decide - no desea hablar, y punto. Luego, cuando calla el diálogo interior, empezamos a experimentar la quietud del campo de la potencialidad pura.” Deepra Choppra